La última milla, el tramo que va desde el centro de distribución hasta la puerta del comprador, sigue siendo el eslabón más caro de la cadena logística del ecommerce argentino. En operaciones urbanas ese tramo puede representar, a modo de ejemplo ilustrativo, entre el 40% y el 55% del costo logístico total de un pedido, una proporción que se dispara cuando entran en juego las entregas fallidas y las reprogramaciones.
El problema se volvió más visible a medida que el envío gratis dejó de ser un diferencial para convertirse en una expectativa básica del consumidor. Plataformas como MercadoLibre y tiendas montadas sobre Tiendanube o Shopify conviven con compradores que abandonan el carrito cuando ven un costo de envío explícito, lo que empuja a los sellers a absorber ese gasto dentro del precio del producto o de un umbral de compra mínima.
Frente a esa presión, muchos vendedores empezaron a rediseñar su esquema de distribución en lugar de simplemente pagar más. Una de las palancas más usadas es la zonificación de tarifas: cobrar (o subsidiar) el envío según distancia y densidad de entregas, de modo que los pedidos rentables no terminen financiando a los que se despachan a zonas alejadas con baja frecuencia.
Los puntos de retiro se consolidaron como la otra gran herramienta para contener el costo. Al agrupar decenas de paquetes en un mismo lugar (una sucursal, un kiosco adherido o un locker), el transportista evita el tramo puerta a puerta, que es el más caro y el más expuesto a fallar. A cambio de ese ahorro, algunas tiendas ofrecen un descuento adicional a quien elige retirar, trasladando parte del beneficio al comprador.
La consolidación de despachos es otra táctica que gana terreno entre los sellers medianos. En vez de generar una salida por cada venta, agrupan pedidos por franja horaria o por zona y coordinan retiros más grandes con el operador logístico, lo que mejora la ocupación del vehículo y reduce el costo por paquete entregado.
Nada de esto elimina el desafío de fondo: el comprador argentino quiere entregas rápidas, previsibles y sin cargo, mientras que el combustible, la mano de obra y la fragmentación urbana empujan los costos hacia arriba. Los datos de este artículo son ejemplos ilustrativos de prueba, pero el patrón que describen es consistente con lo que reportan operadores del sector.
La conclusión que sacan los equipos de operaciones más ordenados es que la última milla ya no se gestiona como un gasto fijo, sino como una variable de diseño del negocio. Definir umbrales de envío gratis realistas, empujar el retiro en punto donde tiene sentido y medir el costo real por pedido entregado se volvió tan estratégico como elegir el catálogo o fijar el precio.
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